Por Daniela Dicipio
Un informe elaborado porla Unescoy PISA (Programa Internacional para la evaluación de Estudiantes), sobre el sistema educativo argentino, determinó que si bien el 90% de los chicos de Argentina están en la escuela, sólo el 50% termina el secundario. Esta conclusión sacó a flote varias opiniones de expertos sobre el rol fundamental de la familia en el proceso y la crisis económica que los rodea, aunque se haya invertido como nunca en el presupuesto para educación.
Parece que apelar a Thomas Kuhn en este momento sería de gran ayuda para poder entender que el problema educativo actual, que viene de décadas, carece de principios resolutivos para su verdadero funcionamiento.
Suena ilógico que la palabra educación esté en los primeros planos del discurso político pero la gestión termina comiendo el resultado positivo de la inserción de los pibes en las aulas. Ahí están, vienen pero se van, no terminan. No hay un trabajo conjunto con la sociedad, con los padres, con los docentes y directivos. Asistir a la escuela parece un hartazgo de alumnos y educadores.
La infraestructura pésima de las escuelas y sus reclamos no se quedan callados. La crisis está en el modelo educativo, es una crisis paradigmática, ya que la ciencia actual no puede resolver los problemas que presentan. Se necesita de una nueva postura, de una nueva mirada, de un cambio radical de contenidos y formación de los docentes que puedan resolver los conflictos actuales teniendo en cuenta al ser humano, su contexto y su pensamiento y no sólo las calificaciones impuestas.
Las escuelas del siglo XXI fueron creadas como control social, que conlleva a un sistema de exclusión social, seleccionan quienes pueden o no ingresar a una carrera o especialización, mediante un modelo de forma administrativa, económica y mecanizada. No se cuestiona, no se preparan para cuestionar sino para aceptar supuestas verdades y así poder reproducirlas.
Observamos que crecen alternativas educativas en todo el mundo, fuera de lo que se llama el sistema formal, afrontando un crecimiento en conjunto basado en el respeto y el conocimiento compartido.
Una de ellas es la educación popular en contraposición a la educación formal, siguiendo las bases del educador brasilero Paulo Freire, donde es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta, donde la alfabetización va más allá porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado. Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos, exige seguridad, capacidad profesional y generosidad. Es una enseñanza mutua con métodos diferentes.
La problemática está instalada, abierta a la comunidad científica y a la sociedad. Ahora debemos ver cuáles son las teorías que pujarán para dar solución a los problemas. Esperamos que esto no forme parte de un agite sin cambios, de un debate sin conclusión, de un cuento sin final. Que comience una etapa donde cambie la forma en la que se educa, en que reinterpretar y resignificar no sea en vano sino escuchado y valorado.
Imagen: Florencia Ortega
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